El panorama religioso de México atraviesa una profunda transformación debido al crecimiento sostenido de las iglesias evangélicas, que en varios municipios ya superan en número de fieles a la Iglesia Católica. La tendencia es especialmente visible en los Altos de Chiapas, donde, según datos del Censo de Población y Vivienda 2020 del Inegi, la población evangélica representa entre el 30 % y más del 40 % de los habitantes.
Especialistas sostienen que este proceso no responde únicamente a un abandono del catolicismo, sino a una movilidad religiosa que lleva a muchas personas a involucrarse de manera más activa en comunidades cristianas. El investigador Carlos Martínez García, cofundador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano (Cenpromex), afirma que numerosos creyentes que antes se identificaban como católicos de forma nominal ahora participan con mayor compromiso en congregaciones evangélicas.
El crecimiento también se observa en estados como Tabasco, Veracruz, Oaxaca y Baja California, donde las iglesias han fortalecido su presencia mediante actividades comunitarias, programas sociales y una intensa difusión de contenidos en plataformas digitales.
Entre los factores que explican esta expansión, los analistas destacan la búsqueda de acompañamiento espiritual en momentos de crisis, el uso cada vez más profesional de las redes sociales para la evangelización y el interés de muchas personas por vivir una fe basada en una relación más personal con Dios.
Este avance también tiene repercusiones en el ámbito político. Si bien algunos sectores del evangelicalismo buscan una mayor participación electoral, los especialistas aclaran que no existe un voto evangélico unificado. Además, señalan que las alianzas entre organizaciones religiosas y distintos partidos responden a estrategias particulares y no representan de manera uniforme al conjunto del cristianismo evangélico en México.
El crecimiento evangélico transforma el mapa religioso de México y gana terreno en varios municipios
Las iglesias evangélicas continúan expandiéndose en México y ya constituyen la mayoría de la población en algunos municipios, especialmente en los Altos de Chiapas. El fenómeno refleja una transformación del panorama religioso del país, con impacto en la vida comunitaria, la participación social y el ámbito político.
