Crece la presión sobre las comunidades evangélicas en Irán tras el conflicto regional

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Crece la presión sobre las comunidades evangélicas en Irán tras el conflicto regional
Crece la presión sobre las comunidades evangélicas en Irán tras el conflicto regional

Organizaciones internacionales alertan por un recrudecimiento de la persecución contra cristianos evangélicos y conversos en Irán. Denuncian detenciones, confiscación de iglesias, demoliciones de templos y acusaciones de espionaje en un contexto de mayor tensión política y militar.

La situación de los cristianos evangélicos en Irán se ha agravado en las últimas semanas, en medio del escenario posterior al conflicto regional y el frágil alto el fuego entre Teherán, Estados Unidos e Israel. Diversas organizaciones internacionales sostienen que el régimen iraní ha intensificado las acciones contra comunidades protestantes y conversos al cristianismo, a quienes acusa de representar una amenaza para la seguridad nacional y de mantener supuestos vínculos con intereses extranjeros.

Según los informes, las autoridades distinguen entre las iglesias históricas armenias y asirias, que continúan funcionando bajo estrictas condiciones, y las congregaciones evangélicas, especialmente aquellas que reciben conversos o realizan cultos en idioma persa. Estas últimas son objeto de una vigilancia más intensa y de medidas represivas.

Entre los casos recientes se encuentra la demolición de una iglesia evangélica en la ciudad de Mashad, un edificio construido en la década de 1930 y considerado patrimonio nacional. En Teherán, la histórica Iglesia Evangélica de San Pedro enfrenta un proceso de confiscación luego de que fuerzas de seguridad ingresaran al predio para identificar a sus ocupantes y anunciar su futura evacuación.

Los reportes también indican que, tras los ataques registrados en 2025, más de medio centenar de cristianos evangélicos fueron detenidos bajo acusaciones de colaborar con servicios de inteligencia extranjeros. Las organizaciones de derechos humanos consideran que estos procedimientos forman parte de una política sistemática destinada a desalentar la conversión religiosa y limitar las actividades de evangelización.

Los conversos provenientes del islam figuran entre los grupos más vulnerables. Aunque la Constitución iraní reconoce formalmente la libertad religiosa, en la práctica quienes abandonan el islam enfrentan serias restricciones para ejercer públicamente su fe, por lo que muchos se reúnen en iglesias domésticas consideradas ilegales por el Estado.

Además de las detenciones arbitrarias, las denuncias incluyen juicios sin garantías, interrogatorios bajo presión psicológica, vigilancia de redes de creyentes y campañas oficiales que presentan a los cristianos evangélicos como agentes vinculados a potencias extranjeras.

Organizaciones como Amnistía Internacional, Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) y la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF) coinciden en advertir que la persecución contra los cristianos evangélicos en Irán se ha intensificado y mantiene un patrón sostenido de violaciones a la libertad religiosa y a los derechos humanos.

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