La emergencia provocada por los dos terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio continúa agravándose. Los movimientos sísmicos, de magnitudes 7,2 y 7,5, dejaron hasta el momento al menos 1.719 personas fallecidas, más de 5.034 heridas y millones de afectados, de acuerdo con estimaciones de las Naciones Unidas.
La dimensión del desastre podría ser incluso mayor. El Servicio Geológico de Estados Unidos estima que la cifra real de víctimas podría aumentar debido a la gran cantidad de edificios destruidos y a las personas que aún permanecen atrapadas bajo los escombros.
Las autoridades venezolanas informaron que más de 15.800 personas quedaron damnificadas y que 855 edificios sufrieron daños, de los cuales 189 colapsaron por completo. Además, el número de desaparecidos sigue siendo incierto y algunas estimaciones lo ubican en torno a las 30.000 personas.
Desde el terremoto principal se registraron más de 600 réplicas. Una de ellas, de magnitud 4,6, volvió a sacudir el norte del país, obligando a evacuar nuevamente sectores ya afectados y complicando las tareas de rescate, que se desarrollan en condiciones de alto riesgo.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo calcula que las pérdidas materiales ascienden a unos 6.700 millones de dólares, anticipando un proceso de reconstrucción prolongado y complejo. Entre la infraestructura dañada se encuentran 38 hospitales, 44 centros comerciales y más de 1.600 estructuras adicionales.
La respuesta internacional incluyó el envío de más de 2.600 rescatistas provenientes de 30 países, además de hospitales de campaña, clínicas móviles y más de mil toneladas de ayuda humanitaria. Sin embargo, persisten denuncias sobre la insuficiencia de recursos disponibles, dificultades en la distribución de la asistencia y tensiones entre voluntarios y fuerzas de seguridad.
En las zonas más golpeadas, especialmente en La Guaira, miles de familias permanecen en refugios temporales mientras enfrentan la falta de agua potable, electricidad y otros servicios esenciales. La Organización Mundial de la Salud también advirtió sobre el riesgo de brotes de enfermedades debido al deterioro del sistema sanitario.
Frente a esta tragedia, iglesias y organizaciones cristianas continúan brindando apoyo espiritual y asistencia humanitaria a las comunidades afectadas. Además de colaborar con quienes perdieron sus hogares y seres queridos, convocan a la comunidad internacional a mantener la solidaridad con Venezuela y elevan una oración por las víctimas, los rescatistas y el futuro del país, con la esperanza de que esta tragedia pueda dar paso a un proceso de restauración y esperanza.
Venezuela enfrenta una crisis humanitaria tras el devastador doble terremoto
Los sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 registrados el 24 de junio dejaron al menos 1.719 muertos, más de 5.000 heridos y millones de personas afectadas. Mientras continúan las tareas de rescate, organizaciones internacionales y comunidades cristianas llaman a la solidaridad y a la oración por el pueblo venezolano.
